Embotellado

Este es un aspecto importante que aún no hemos comentado: el envasado. Las tres opciones más habituales para almacenar la cerveza son las botellas, los mini-barriles de 5 litros, y los barriles grandes de unos 20 litros.

La cerveza apenas tiene gas cuando ha terminado la fermentación, así que nos las tendremos que ingeniar para “carbonatar” un poco nuestro brevaje, a no ser que nos gusten mucho las cervezas al estilo inglés, es decir, templadas y casi sin gas, algo que no se lleva mucho por aquí.

Yo suelo utilizar botellas y en ocasiones mini-barriles. En ambos casos se usa la misma técnica de embotellado en la que la cerveza vuelve a fermentar de manera que produzca gas; esto se consigue añadiendo una pequeña cantidad de azúcar a la cerveza justo antes de embotellarla, para que así la levadura la fermente generando CO2, que se queda atrapado dentro de las botellas y se disuelve en el líquido.

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